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domingo, 19 de mayo de 2013

Aritmética emocional



La empresa, sobre todo la Pyme, debería tener muy en cuenta la gestión emocional interna y externa como generadora de cohesión y de búsqueda de alianzas en estos tiempos, aunque no es, por desgracia, la tendencia imperante.


El título del post viene de una película independiente canadiense de 2007, dirigida por Paolo Barzmann y protagonizada por Susan Sarandon, Gabriel Byrne y Max Von Sydow. En ella se exploran los delicados equilibrios que se mantienen en las relaciones entre personas, cuando surgen en momentos difíciles (en el caso de la película, durante la segunda guerra mundial, en un campo de concentración), en los que el único consuelo y apoyo se encuentra cuando se comparten las heridas y el sufrimiento, apareciendo una poderosa empatía  relacionada con la supervivencia emocional y el evitar perder la cordura. Cómo personas aparentemente no destinadas a encontrarse jamás, se ven obligadas, en aras de esa supervivencia, a conectar emocionalmente, incluso, en la película, trascendiendo hacia la historia de amor.

En estos tiempos durísimos que ha tocado vivir, curiosamente se observan actitudes similares en torno a profesionales libres,  que en otros momentos se hubieran considerado mutuamente seria competencia. No es que, en sí, surjan historias de amor (no tenemos constancia de ninguna aunque igual quien lee esto sí conoce alguna), sino que, como en aquella canción de Nacho Cano, “La trampa del corazón”, se entretejen los tendones que sustentan unas relaciones basadas en la solidaridad, la colaboración y el apoyo mutuo para enfrentarse al duro panorama de todos los días.  De la necesidad nace la coopetencia y de ahí la trascendencia hacía algo más. Sólo hay que leer o ver fotos en las redes sobre la multitud de eventos, sean de networking, divulgadores o de pura promoción, que se convocan hoy en día a través de las mismas, para observar esa tendencia, que hoy, por aritmética emocional también, trasciende hasta la amistad entre, repito, profesionales que, a la vista de su historial, sus gustos, su forma de ser, no parecían destinados teóricamente a encontrarse, salvo en la arena de los negocios, peleando a dentelladas. Hoy se colabora, se comparte conocimiento, se apoya en la visibilidad y, salvo algunas excepciones, todo se hace desde la óptica de la apertura, sin marginar a nadie por no venir de aquí o de allí. (Por supuesto vedettes existen y existirán, pero también se retratan, e incluso algunas, a ratos, se bajan del escenario y participan de los fastos del resto).


Por la misma razón, me resulta igualmente curioso comprobar en las visitas que, en razón de mi trabajo, hago a empresas, que estas no participan de este criterio, en cuanto a sus relaciones entre ellas ni en cuanto a las relaciones internas. Y me resulta curioso porque las empresas las forman personas, sometidas exactamente a los mismos vaivenes y sinsabores que los anteriores. Ya sé que tienen nómina a final de mes, pero en muchas ocasiones, precisamente por ello,  su angustia puede llegar a ser similar a la de los profesionales libres. Y a mí, por lo menos, me resulta verdaderamente desasosegante el observar como las actitudes de los que deciden, en esas empresas, se radicalizan obsesivamente hacia cualquier cosa que tenga que ver con su competencia. Aclaro que yo veo pymes fundamentalmente y no empresas grandes, porque como profesional llego hasta donde llego. Quizá en las empresas grandes esa actitud pueda tener cierto sentido, porque el criterio es definitivamente el de conseguir no ya el trozo más grande del pastel, sino todo el pastel. Y digo esto fundamentalmente porque el resto del pastel que no tienen las empresas grandes, lo tienen precisamente las pymes y parece lógico, por tanto, pensar que estas deberían intentar defender su terreno. Pues sucede lo contrario. Desunión, peleas a muerte, quema de naves constante. Nada que haga recordar a que funcione esa aritmética emocional.

No es que en este post preconicemos que las pequeñas se unan para parar a las grandes o simplemente para ocupar el espacio que les pertenece. Pero no es menos cierto que, por si solas, individualmente, tienen no ya los días, sino las horas contadas a la hora de hacerlo. Tanto más cuanto se desgastan en luchas de un “quítame allá a ese cliente”, que, despavorido, huye hacia la multinacional de turno que encima le regala alguna cosa…

Normalmente, cuando hablas de emociones, en una pyme te "miran raro". Incluso hay veces que cortan la conversación directamente. Se da la circunstancia que en muchas, esas emociones, internamente  al nivel de los empleados, están sumamente maltratadas. Siendo generosos, a veces te dejan continuar y acaban diciéndote que “ahora no están para atender a esos lujos de mejorar el ánimo y las emociones de los empleados”. Hace poco un directivo me decía que “a la gente la pagamos por trabajar, no porque lo haga contenta”. Ante mi respuesta “No es que deba venir a trabajar contenta. Debe venir a trabajar feliz de hacerlo aquí”, la mirada se fue automáticamente al reloj, haciéndome ver que debía acabar la entrevista. Aclaro que había sido llamado para intentar resolver un problema de excesiva rotación de personas, unido al de actitudes de enfrentamiento con la dirección…

Cómo otras veces hemos comentado, nos parece que lo que peor se pude hacer en toda circunstancia es ir contra el signo de los tiempos. El negarse a cambiar y a adaptarse, a buscar fórmulas que permitan manejar las circunstancias tan difíciles que día a día se presentan, es ir casi, casi contra natura. Dentro de la pequeña empresa, el negarse a considerar usar esa aritmética emocional que hemos comentado para con los que la sustentan, sus empleados, y para los que viajan en la misma dirección aunque en distintos barcos (“si comparto mi agua contigo y tu compartes tus manzanas conmigo, podremos comer y beber durante mucho más tiempo y probablemente salir de esta tempestad”), no significa ya un retraso, un inconveniente o un bloqueo. En una empresa pequeña nos parece directamente un suicidio.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Falling Slowly



Viene al pelo el título de la entrada, recogido de la canción principal de la banda sonora de la película "Once", para describir cómo van pasando las últimas horas de este, para mí, irreconocible (o indefinible) año 2012. Cómo se va yendo este año que no ha sido ni maldito ni glorioso, ni difícil ni fácil, ni productivo ni ruinoso. Un año en el que, personalmente, hemos por fin podido empezar a recoger los primeros frutos de una siembra constante, meticulosa y permanente, hecha durante más de dos años en condiciones que me atrevería a calificar de muy duras, viendo cómo nada germinaba, como se perdían semillas una y otra vez sin que el agua, el abono, los cuidados, pudieran hacer nada. Son brotes pequeños, débiles, que hay que proteger y cuidar constantemente, pero han germinado. Y eso es motivo suficiente como para que para mí este año haya constituido un éxito y permita pensar con esperanza para el próximo futuro. El mío y el de cualquiera que quiera leer este testimonio. 

Porque sí se puede. Aún en el desierto, el ser humano demostró que podían producirse cultivos (las famosas granjas hidropónicas) a base de tecnología e inversión, pero tambien de creatividad y mucho trabajo. Nuestra pequeña granja está hecha de esfuerzo, compromiso, dedicación y perseverancia. Valores que algunas "cabezas privilegiadas" de la empresa y, en general, del mundo "con mando" de este país consideraron caducos (cierto es que por lo bajinis, porque ni con garrote lo reconocerían en público) hace relativamente poco. Algunos de los que me conocen saben que a menudo repito que a este país le han hecho mucho daño ciertas Escuelas de negocios, de las cuales han salido cachorros con el ojo puesto en el enriquecimiento rápido, no en la aportación de valor sólido mantenido en el tiempo. En general no se buscaba carrera, ni siquiera prestigio, porque el ego se cubría a base de BMW nuevo cada año, chalet en urbanización de lujo, esquí en Baqueira, Golf en Sotogrande y en algunas cosas más privadas y menos confesables. Ahora, afortunadamente, (para eso si, bendita crisis en ese aspecto) esas escuelas comienzan a pregonar un "back to the basics". Una vuelta a esos valores "antiguos", que lejos de representar conservadurismo, hoy representan la más moderna apuesta que puede hacerse junto a las estrategias de siempre (innovación, creatividad, conocimiento, tecnología) y al mejor vehículo para ponerlas en marcha, la comunicación, favorecida por el definitivo despegue del social media e internet, para poder conseguir que la gestión diaria que hacemos, hoy, dé frutos.

Para mi 2012 ha sido el año definitivo en el que, tras unos años en el que nos empeñábamos en mirar hacia otro lado, los velos han caído. En el que han quedado puestas de manifiesto determinadas actitudes que, centradas exclusivamente en los resultados puros y duros, se revelan en este momento como ineficaces. En el que ya sabemos que nada volverá a ser como antes, al igual que nada es ya lo mismo. El año en el que, para personas y empresas, el liderazgo (el propio interno y el externo) y la gestión del cambio continuo y de la incertidumbre (aquí te dejo un post escrito sobre la misma para el Observatorio Europeo del Coaching) se han revelado cómo las únicas formas de vencer a la conciencia colectiva del miedo (más o menos fomentado y dirigido, aunque ese es otro tema) y de salir de la dinámica autodestructiva en la que se encontraban. Cierto es que hay empresas que resisten a esta corriente. Como dice una expresión castellana "No les arriendo esa ganancia". No creo en desgastarse en un combate inútil tratando de aplicar a toda costa las fórmulas que ya no sirven, con un coste irrecuperable de "víctimas", para morir a unos metros de la orilla. Es una selección natural, y en el próximo año se seguirá viendo quien aplica el cambio y sobrevive y quien no lo hace y perece. Así es y así ha sido siempre. Tampoco yo me invento nada. Y este año me temo que esta máxima sí que es inexorable.

He leído en Facebook, como explicación a por qué hoy es un día especial, que los humanos necesitamos simbolismos, generar rupturas, temporales o de otros tipos, para poner en marcha cosas que antes no habíamos hecho. Hoy es un día cómo los demás en esencia, pero no en su simbolismo. He conocido mucha gente durante este 2012. Gente especial y menos especial pero siempre con algo que aportar. Fundamentalmente sus ganas de romper, de poner en marcha cosas nuevas, de seguir construyendo, de dejarse de gaitas y trabajar en el presente para construir el futuro. Si este día de este año tiene el simbolismo del cambio para mi es gracias a ellos y también a mi familia, a mi mujer y a mi hijo, que de nuevo, me han dado la más hermosa y grande de las lecciones de vida (y ya son muchas) que este año he podido aprender.

Quedan más o menos doce horas, medio día, para que 2012 acabe. Languidece, como también más o menos dice la traducción aproximada de la canción que da título al artículo. Todo lo contrario que yo mismo, que voy poco a poco ganando altura. Y a vosotros os deseo lo mismo que para mí en el nuevo 2013. Que así sea.



viernes, 21 de diciembre de 2012

21



"Hoy es 21 de Diciembre, solsticio de invierno. Día en el que comienza la luz y todo renace de nuevo"

Así rezaba una de las últimas frases del guión de "21", un corto de mi hijo @AlexBarvel que tenéis disponible al final de esta entrada desde su enlace en Youtube. Y la verdad es que el corto, escrito cuando tenía 17 años y rodado y dirigido hace dos años,  a los 18, entre el verano anterior y el año que entró en la Universidad, antes de todo este jaleo de los mayas, ha resultado con el tiempo tremendamente profético, al menos en su concepción, que no en su desarrollo (y no quiero generar spoilers para quien quiera verlo). En efecto, hoy es el día en el que teóricamente el mundo tal y como lo hemos concebido dejaba de existir. Luego, cuando ha sonado el despertador y ha entrado la calefacción nos hemos dado cuenta que algo diferente iba a ser a como nos habían comentado.

 Fuera de profecías con mas o menos repercusión mediática, lo cierto es que este día, desde los tiempos antiguos, siempre ha significado un día de renovación, de resurgimiento. Hoy es el día en el que mas horas de oscuridad hay en todo el año. pero a partir de aquí, el tiempo avanzará hacia delante dando ventaja a la luz, hasta el solsticio del 21 de Junio, cuando la alternancia se invertirá. Es una bonita alegoría que uno quisiera para nuestros tiempos: a partir de hoy la luz empieza a ganar la batalla a la oscuridad poco a poco. Todo cambia, nada permanece.

Y esa luz no viene solo del Sol, que al fín y al cabo sigue año a año su órbita previsible. Parte de esa luz debería ser cosa nuestra. Deberíamos tratar de potenciar la luz del conocimiento, de la solidaridad, de la creatividad, de la innovación, del esfuerzo, del valor, de la fe, por que no. En lugar de restar luz con el desánimo, la ira, la queja sin más y por todo, la cobardía, la apatía, el miedo. Aportar, compartir, sugerir, crear, cooperar. Y eso es tarea nuestra, no del sol.

Llevaba dando vueltas tiempo a esto y hoy es el día propicio. Sin renegar del pasado de nuestro "Coaching para el cambio", que nació hace más de tres años para intentar aportar nuestro granito, nuestro fotón, de luz, hoy intentamos que esa luz sea más amplia y que sirva para más gente. Damos a nuestro blog un carácter más amplio y lo abrimos a hablar definitivamente no solo de Coaching (que seguirá absolutamente presente porque es lo que verdaderamente nos gusta hacer) sino también del factor humano en la empresa con todo el abanico que conlleva. Pero también tendrá cabida el ser, entendido independientemente de lo laboral.  Dice Alex Rovira que: "Superar una crisis no es volver a tener, sino conseguir ser”, por tanto, todo lo que podamos aportar sobre el ser sobre la persona, su entorno y sus circunstancias también tendrá su cabida.

Por eso, hoy 21 de Diciembre, nace, resurgiendo de las cenizas frescas y limpias de "Coaching para el cambio" , "Recursos para Humanos", un blog que pretende acompañaros como siempre y aportaros, siempre desde la mas amplia modestia y nunca desde ninguna falsa creencia, toda la luz de la que seamos capaces. 

Tenemos la seguridad que tenemos mucho que aprender de vosotros y os damos las gracias por ello y por hacer posible día a día que sigamos en esto.


lunes, 14 de febrero de 2011

El discurso del Rey y el discurso de Alex

Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de ver "El discurso del Rey", la película del anglo-australiano Tom Hopper que narra la historia de la peripecia vital de Jorge VI, sucesor de aquel rey que abdicó al parecer por amor, (aunque en la película parece que porque simplemente no le interesaba serlo), Eduardo VIII . Fuera de las innegables cualidades artísticas de su producción y realización (Colin Firth como Jorge VI hace un trabajo excelente y probablemente reciba el Oscar, aunque es Geoffrey Rush, como el logopeda-coach Lionel Logue quien desde la sencillez hace un trabajo actoral sublime, en la línea de la maestría de Sir Laurence Olivier), la película supone un verdadero tratado sobre valores como el liderazgo, la superación, el manejo de la inteligencia emocional y el uso de las herramientas de superación personal combinadas con las puramente técnicas (en este caso de la logopedia).

La necesidad extrema de preparar a la nación (al imperio en ese momento)  británica para la guerra con la Alemania nazi, cuyo punto de partida debía ser un discurso en el que el pueblo supiera que contaba con un líder fuerte y dispuesto a todos los sacrificios por el triunfo de la libertad, tropezaba con una tartamudez limitativa (presentada como algunos han dicho como metáfora del miedo)  que podía dar al traste con lo más importante en ese momento, la moral de los ciudadanos ante el conflicto que se avecinaba. El trabajo, tan  descaradamente innovador para su época, tan actúal en nuestros tiempos de Lionel Logue, consiguió que en los momentos de moral baja, la voz de Jorge VI hiciese de nuevo enardecer al pueblo y superarse para cada batalla.

Mas allá de la historia, la película ofrece dos lecciones básicas: La primera, que una educación que reprime y oculta las emociones y los defectos, que no ayuda a asimilarlos e integrarlos,  se convierte en una pesada carga que una persona, a pesar de su preparación al más excelente nivel para ejercer el liderazgo, no puede sobrellevar por mucho que lo intente. Vemos que incluso esos defectos se convierten, tras el trabajo del logopeda, en virtudes. El miedo, la educación restrictiva, el clasismo, las creencias y los juicios, salen afuera, se muestran, se asumen, se desmontan  y se convierten, usadas inteligentemente a favor, en las más importantes herramientas que hacen que el Rey, usando la empatía del reflejo de todas esas rémoras en los ciudadanos, venza por fin su tartamudez y asuma su papel de liderazgo en la historia. Y la segunda, que la única vía para vencer las dificultades de uno mismo está en el trabajo que uno mismo haga consigo. El logopeda contesta ante la pregunta de la reina Isabel, esposa de Jorge VI, que puede curarle "si él quiere". En el transcurso de la terapia el Rey abandona varias veces, pero es solo cuando realmente su compromiso vence a su miedo cuando se entrega en cuerpo y alma al trabajo de vencer su problema. Decide que quiere cambiar y se pone en marcha. Jamás el terapeuta intenta convencerle o venderle la terapia, deja que sea solo él la persona que decida si quiere curarse o no. El Rey sabe que ya nada puede ser lo mismo, pues se encuentra obligado por su deber y sus convicciones a curarse, por mas que se le pida mirarse en los ojos de la gente corriente o llevar a cabo ejercicios extravagantes que, en su creencia, denigren su condición (sublime la escena en la que Geoffrey Rush se sienta en el trono real de la Abadía de Westminster haciendo de espejo del propio Rey , procurando que se vea, ante su inicial estupefacción, a si mismo reflejado en uno de sus subditos, como un inglés mas). Ahí Jorge VI descubre que si quiere ser el líder de su pueblo y que sus ciudadanos no tengan miedo, ha de pensar como ellos, hacer acopio de coraje y vencer el suyo ¿Quien dice que esto no es Coaching y del bueno?

Exactamente lo mismo que ayer otra persona relacionada con el cine hizo en la ceremonia de entrega de los premios del cine Español. Alex de la Iglesia no tiene ningún defecto en el habla (creemos además que dispone de un tono de voz y una dicción magníficas), pero también dió un paso adelante ayer en contra del miedo, del catastrofismo, del anquilosamiento de una clase profesional, la de los cineastas, demasiado temerosa del futuro y de lo exterior a ellos mismos. Parece un contrasentido, pero la creatividad, la fantasía que debe ser la piedra angular de toda persona del cine están en España hoy en horas no bajas, profundas, respecto de las soluciones que deben adoptar ante la evidente y sempiterna crisis del cine, amenazados por fantasmas a menudo creados y fomentados por ellos mismos, quizá adocenados por una política subvencionadora y muy poco fomentadora de dos elementos consustanciales a cualquier actividad económica: El riesgo y la innovación.

Justo lo que propuso ayer en su discurso a la Academia del Cine (en realidad lo ha propuesto siempre desde su cine, recordemos Mirindas asesinasAcción Mutante, El día de la Bestia, La Comunidad.....) , riesgo e innovación. Adecuación a los nuevos tiempos y coexistencia con el deseo de la gente que ve las películas. Justo los que se quedaron en las vallas que rodeaban el Teatro Real ayer, y no nos referimos sólo a los de Anonymous, con sus curradas caretas de Guy Fawkes, sino a los que, como nosotros, el Sábado compraron su entrada, se sentaron y se pusieron a ver una película. Lo que pidió Alex ayer, como un Lionel Logue actual, es que la gente del cine baje al barro, deje atrás su miedo y veá mas allá. Lo dejó bien claro: Ya nada puede ser lo mismo. El cambio, también ahí, se impone.

lunes, 24 de enero de 2011

Casablanca y Once: Grandes decisiones

Hace poco nuestro hijo, estudiante de Comunicación Audiovisual, nos comentó que en la facultad habían realizado, en la asignatura de ética audiovisual, un forum sobre dos películas aparentemente completamente diferentes, la mítica "Casablanca" y la pequeña joya del cine indie "Once". La verdad es que me sorprendió la coincidencia, pero es cierto que las une algo muy poderoso, algo que en Coaching se trabaja todos los días y que forma parte indisoluble de muchos procesos.

En ambas cintas hay un hilo común argumental, en ningún caso central, pero sí parte consustancial de la trama. En "Casablanca" el icónico Rick, cínico y desengañado, abandonado por Ilsa, su gran amor, en el eterno París, se debate entre recuperarla o sacrificarse por una causa que le da igual en el fondo, pero que al fin y a la postre sabe que significará la felicidad de ella; en "Once", el melancólico Glen, en pleno proceso de lamer sus heridas después de un fracaso amoroso y condenado a una existencia anónima de la que sólo sale tocando en las calles de Dublín, se debate entre romper con todo y enamorarse de la recién llegada a su vida Marketa, o arriesgarse e intentar triunfar en la música marchándose a Londres. En suma, tomar decisiones, elegir caminos, en su caso definitivos. Es es el hilo que une a estas dos maravillosas películas, tan distintas en principio.

Y ese es uno de los nudos gordianos de nuestra vida. El tomar decisiones, el optar por una de las posibilidades que barajamos y se nos ofrecen. A veces, como en los dos casos anteriores, dejando atrás situaciones o personas que han formado parte consustancial de nuestra vida, que incluso la han dado sentido. Otras por la responsabilidad que comportan en lo que pueden afectar a nuestro entorno personal o profesional. En definitiva, las decisiones son una parte fundamental de nuestras vidas y, o estamos tomándolas en un instante determinado, o estámos en tránsito, analizando para hacerlo.

El Coaching precisamente ayuda a tomarlas desde una perspectiva absolutamente integral. Es decir, habiendo analizado cual es nuestro objetivo, donde queremos llegar, habiendo valorado opciones personales tras desmontar, si procediera, creencias que pudieran estar haciendo invisibles las mismas, habiendo trazado un plan que de soporte al camino elegido que además cuente en que medida va a afectar esa decisión a nuestro entorno y un plan B ( o C incluso) por si el primero, que no somos infalibles, falla.

En el ámbito empresarial, este proceso se convierte en absolutamente crucial por las repercusiones que supone la toma de decisiones, verdadero baluarte de los buenos ejecutivos que, aunque muchos lo crean, casi nunca toman decisiones guiados de su instinto, como la literatura de management a veces predica, confiriéndoles atribuciones casi de semidioses. Todo lo mas tienen una habilidad especial, que procede en un alto porcentaje del desarrollo, del entrenamiento,  que les permite el análisis de las diferentes opciones de forma que pueden valorar adecuadamente el peso sobre todo de las repercusiones, buenas o malas. Es decir, no se nace con la cualidad, hay opciones de, con trabajo y constancia, desarrollarla, y es opción de los mejores hacerlo. Y en ese devenir, el ejecutivo, que no es un Dios, cae víctima (que cae, lo aseguramos)  de las creencias que se van adhiriendo sin notarlo o del desgaste lógico en el ejercicio de su labor. El Coaching está ahí para volver a desaprender lo aprendido y volverlo a reaprender. Las veces que hagan falta.

¿Y en el personal? ¿Por qué no seguir el mismo método que sigue un ejecutivo? ¿Es que las repercusiones que pueden tener las decisiones sobre nuestra propia vida o entorno no son cruciales? ¿No pueden afectarnos? ¿Por qué no emplear parecidas herramientas, parecidos métodos para hacerlo? (En esencia, son exactamente las mismas). ¿Por qué no usar el Coaching para minimizar los riesgos, para ser en definitiva más libres, menos influidos, más tranquilos, más acordes con lo que pensamos y lo que queremos?

Imagina si el guionista hubiera incluido a un coach al lado de Rick o al lado de Glen.....

lunes, 20 de diciembre de 2010

La voluntad del cambio

El pasado día 15 tuvimos la oportunidad de impartir un segundo taller de coaching para desempleados en colaboración con la Concejalía de economía, empleo, innovación y agentes sociales del Ayuntamiento de Las Rozas de Madrid. La convocatoria resultó todo un éxito, ya que más de 40 personas asistieron para, durante las cuatro horas de duración, conocer y trabajar con herramientas que les facilitan poder cerrar su etapa anterior, rescatar y valorar los recursos de que disponen, conocer, y en lo posible tratar de eliminar, sus trabas, definir y enfocar un objetivo, y trazar un plan detallado para alcanzarlo.

A lo largo de la presentación quedaron patentes muchas cosas, entre ellas, que hay personas que se movilizan y tratan de buscar salidas o ayudas que mejoren su situación, que el coaching cada vez está calando más a   nivel popular (aunque los diferentes conceptos del mismo que manejaban los presentes diferían mucho entre sí), y de la enorme influencia de los medios y la sociedad en cuanto a la generación de una conciencia colectiva de mucho miedo y, curiosamente aunque se suponga que los asistentes habían decidido salir de su zona de confort por el simple hecho de estar allí, de cierta desesperanza en el futuro.

Ese quizá fué el punto mas importante que observamos. Es lógico que un grupo tan numeroso es por fuerza heterogéneo, y aunque los participantes mostraron un profundo respeto por lo que allí se exponía, hubo al menos dos de ellos que se mostraron no ya profundamente negativos con respecto a sus propias posibilidades de recolocación, sino a las posibilidades del resto, e incluso uno de esos dos, en esos corrillos de los descansos en los que se comenta lo que se está escuchando, se encargó de negar la temporalidad de la crisis (bien es sabido que cualquier situación de crisis puede durar mucho, pero no es eterna), argumentando que el uso del realismo a la hora de valorar las posibilidades existentes, era igual a considerar que la suerte estaba echada y no había salvación posible. En cristiano, que los presentes no iban a encontrar jamás un trabajo, y que el que tuviera la suerte estaría tan expuesto a perderlo como en estos momentos. Lo curioso del caso es que esta persona se definió en la rueda de inicio de la sesión como una persona que mediante una asociación sin ánimo de lucro, ayudaba a quien se dirigía a la misma a su recolocación ( ¿?).

No es propio de un coach, ni es una actitud de Coaching, el juzgar. Nosotros creemos que nadie nos necesita en un principio, que todo el mundo está perfectamente "entero" y no nos corresponde valorar (a nadie le corresponde en realidad), actitudes o creencias de nadie aunque intuyamos que le perjudican, pero en el momento que esas creencias trascienden de uno mismo y se dirigen a contaminar las de los demás, por la vía emocional, se convierten en tóxicas y envenenan, enrarecen y en definitiva hacen enfermar.

Esa situación de enfermedad es en la que en nuestra opinión se encuentra en este momento la sociedad española. Bajo el influjo de un pesimismo atroz que alimenta la falta de autoestima de muchos, que por esa vía obtienen alimento, la única forma de influir y hacerse notar entre los demás y que, en una suerte de transmisión casi vírica, retroalimenta a otros que están con las defensas débiles por cualquier causa, sea por la incertidumbre en su trabajo o por el trauma del desempleo, bajando a su vez su autoestima, y haciendo que reaccionen de la misma manera con otros, y esos con otros, y así en una especie de contaminación global. No es "La Invasión de los Ultracuerpos", ni un manido guión de una película de zombies. Creemos que es peor, a nuestro juicio es peligrosamente real.

Como en otras ocasiones que hemos comentado por aquí, la única vacuna, la única defensa posible es la voluntad del cambio. Del cambio a la creencia en nosotros mismos y en nuestras posibilidades, del cambio al blindaje contra creencias y actitudes negativas, simplemente del cambio a ser nosotros mismos y no a resignarnos a ser lo que otros han querido que seamos. Como en otras ocasiones, está en tu mano hacerlo. Solo hace falta que de verdad quieras. Somos muchos los que podemos guiarte para que salgas del desfiladero y no dejes tus huesos calcinados bajo cualquier grieta por no haber podido encontrar la salida.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El guerrero pacífico




"El guerrero pacífico" es la adaptación cinematográfica del best-seller de Dan Millman , obra autobiográfica en la que siendo campeón nacional de la disciplina de anillas en gimnasia con 18 años , y entrando a formar parte del equipo olímpico de los EEUU, un terrible accidente en moto, en el que se destroza los huesos de su pierna derecha en 40 partes , hace que se esfume su sueño olímpico y su futuro como deportista de élite...

A pesar del severo diagnóstico médico, que le auguraban secuelas motrices de por vida y de verse apartado del equipo, Dan Millman confió en si mismo, y en contra de toda lógica , se recuperó... lo consiguió.. sólo.. y en un año...

Según él mismo relata, aquel accidente le hizo plantearse por completo el propósito de su vida, dándose cuenta de hasta que punto había dado total prioridad a su espíritu competitivo, dejando a un lado el resto de aspectos de la vida .

Tras la lesión aprendió a aceptarse y a disfrutar de su persona en aspectos que nada tenian que ver con sus capacidades atléticas .

Una película que seguro no os deja indiferentes  orientada al descubrimiento del maestro interior que todos llevamos dentro."

Como dicen en algún foro... "No se pierde nada con verla, SE GANA."

¡LAS VERDADERAS BATALLAS
SE LIBERAN EN NUESTRO INTERIOR!
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